viernes, 8 de julio de 2011

La palabra maldita

Necesitaba urgentemente venir a escribir aquí a contar lo que me acaba de pasar. Es algo que fue tan fuerte, que sigue siéndolo que debo desprenderme de su sortilegio maligno contándolo y este es justamente el lugar más indicado, el sitio donde escribo sobre palabras.
 Si bien aquí en todas mis entradas creo me he referido a las palabras que vienen del alma, ahora tengo que hablar de una que contrariamente no viene del alma sino que me atacó al alma, quizás igualmente viene de un espíritu con alma maligna y por lo tanto es una almapalabra pero dañina, maligna.
 Debo comenzar aunque sea sintéticamente por el principio. Tuve dos hijas, la mayor cuando tenía dieciseis años contrajo una enfermedad y se me fue por su causa. Hace ya también dieciseis años de esto. Mi hija tendría ahora treinta y tres años.
 Yo nombro esa enfermedad únicamente en las ocasiones en que debo decir el motivo de la partida de mi hija. La digo o la escribo una vez y basta, es una palabra a la que le tengo un rechazo total, casi diría espanto y si lo hago en esas oportunidades pienso que puedo controlar esto último porque vengo preparada en el relato a que ella aparecerá, la menciono y basta, ya está, ya la dije, no está más, puedo seguir hablando de mi hija sin que la maligna palabra se interponga entre mi ocasional interlocutor y yo.
 Bien, hasta allí todo es más o menos manejable, pero hay algo más, un problema que tengo, algo que me es muy difícil superar... y es el encontrarme de golpe con la palabra hablada o escrita en un contexto en que no la esperaba, no estaba hablando de mi hija y su enfermedad o más aún en ese momento no tenía en mi mente a mi hija, aunque seguraemente ya la tuve en la mañana o media tarde porque no hay un día de la vida en que no la recuerde una o varias veces por lo menos, cuando no todo el día.
 Sucede que entre ayer y hoy me he sentido imbuída de Julio Cortázar y su obra, he visto muchos videos en youtube, he leído poemas que desconocía y lo he subido a varios de mis blogs porque siento que si bien conocía algo de su obra, ahora lo estoy viendo en toda su dimensión y me fascina. Tanto que por no encontrar el libro Rayuela que me regaló mi hija menor, me puse a leerlo desde internet y ya hace dos días que estoy abstraída con su lectura.
 Debo agregar en este punto que esta abstracción me trajo asimismo sumo placer y paz, tanto que no hago otra cosa en la computadora que buscar material sobre Cortázar y al mismo tiempo leer capítulos de Rayuela, su máxima obra. En eso estaba hace unos instantes, en el capítulo 18 leyendo arrobada las frases de su libro, tan detallista en alegorías y en pequeñeces que se transforman en grandes pensamientos y de pronto... zás! el corazón que me da un golpe, la vista que se separa rápidamente de la pantalla y la oración que queda cortada en una palabra... sí, esa, la palabra maldita, un almamalignapalabra, salida del espíritu del mismísimo demonio que hizo que esa palabra designara a la enfermedad que se llevó a mi nena, a mi dulce chiquita, a mi Noelia... la palabra que rechazo y que me hizo detener sin pensarlo siquiera la lectura de mi admirado Cortázar... la palabra... leucemia
  Una palabra que no merece ni siquiera un punto al terminarla, una palabra cargada de maldad, de dolor, de daño, una palabrra maligna.
  Debo añadir que me decidí a contar esto, porque lo que me ocurrió fue algo muy fuerte, no solamente desvié súbitamente la mirada y mi corazón dio un salto en sus latidos, sino que cada vez que quería volver a seguir leyendo el texto, me volvía a suceder lo mismo, pasó en tres oportunidades, en la cuarta traté de hacer un trabajo de dominio de mi propia mente y me repetí varias veces antes de volver a verla "ya es sólo una palabra, no pude lograr que su significado, su contenido no se llevara a mi hija pero esto es sólo un símbolo, no va a poder ese símbolo, ese grupo de letras contra mi pacífica y placentera lectura". Volví al texto y volvía a repetirse el mismo rechazo hasta físicamente involuntario de poner la mirada sobre esas letras que componen la palabra. Entonces me dije, esto es algo que debo sacármelo y debo escribir en el blog, porque es importante contar la fuerza que pueden tener algunas palabras. Ellas no son meros fonemas que nos ayudan a interpretar algo, una situación, un objeto, una persona, una circunstancia, ellas tienen una carga emocional impresionante que tanto puede ser bella y bondadosa como puede ser como esta palabra terriblemente horrible, agresiva y detestable.
 Yo soy una persona que me enorgullezco de saber que no soy capaz de odiar a nadie, por lo menos hasta ahora no he odiado a ninguna persona en la vida, hoy comprobé que odio a esta palabra y todo su contenido, todo lo terriblemente maligno que representa para un ser humano como lo fue con mi amada hija.

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